BIODIVERSIDAD: otra oportunidad

Una de las escasas buenas noticias en el mundo de la conservación del medio ambiente: la crisis de extinción global de especies podría haber sido exagerada. Es muy improbable que el mundo pierda 100 especies cada día o 40.000 al año como se viene repitiendo muchas veces sin una revisión crítica.

Ya en 2006 los biólogos Joseph Wright (del Instituto Smithsoniano de Investigación Tropical de Panamá) y Helene Muller-Landau (Universidad de Minnesota) rebajaron la estimación de extinciones basándose en datos recientes sobre deforestación. La pérdida de bosques tropicales, los hábitats terrestres de mayor biodiversidad, es el mayor peligro para la supervivencia de especies y la base de los cálculos sobre extinciones.

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En enero de 2009 Smithsonian Institution celebró un simposio en Washington donde los especialistas hicieron una revisión crítica de ese estudio. Ambos investigadores observaron que en muchos países de los trópicos se estaba talando menos y se estaba abandonando suelo antes ganado a la selva porque estaba bajando la demanda de tierras de cultivo, al hacerse más lento el crecimiento de la población y aumentar la migración del campo a la ciudad. La libre vuelve a ser invadida por el bosque, de modo que en pocos decenios recuperá la mitad de la biomasa original, lo que facilita también la recolonización por parte de los animales. A la vista de la tendencia observada, los autores concluyeron que hacia 2030 los bosques tropicales conservarán más de un tercio de su extensión natural, y a partir de entonces empezarán a expandirse. En tal caso, en 2030 ya se habrán extinguido el 16-35% de las especies selváticas africanas, el 21-24% de las asiáticas y una parte menor de las latinoamericanas. Tales estimaciones son muy inferiores a la muy difundida de 40.000 al año.

En el simposio de Washington hubo acuerdo en que se debe rebajar ese número, pero con una importante matización, porque no todas las especies son iguales. Aves y mamíferos son mucho más vulnerables a la pérdida del hábitat que los insectos y otros animales pequeños. Y como -según reconocieron los especialistas presentes- que desaparezcan especies de aquellos no permite deducir que pasará lo mismo con estos, se puede concluir que en efecto el total de extinciones es y será mucho menor de lo que se ha dicho, pero con una parte desproporcionadamente grande de los animales más conocidos y “vistosos”.

De todas formas, algunos participantes en el simposio señalaron que las estimaciones del estudio analizado pueden pecar de optimistas porque el crecimiento demográfico y la tasa de deforestación no por fuerza bajan al mismo ritmo. Aunque los agricultores locales abandonen terreno o no ocupen más, la tala aumenta si se implantan cultivos a escala industrial – de soja o de Palma– o explotaciones mineras, como de hecho sucede, que dependen más de los mercados internacionales que del crecimiento de la población local.

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